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Nuestra Historia

A Santa Vicenta María
, nuestra fundadora, debemos lo que somos, por eso vemos imprescindible hablar de ella para poder traslucir nuestra identidad.

María Inmaculada ¿Quién es Vicenta M ª?
Vicenta María nace en el mes de marzo de 1847, en un pueblo de Navarra, en el seno de una familia de la alta sociedad, hija única, que recibe su primera formación de la mano de su padre y que es enviada a los 10 años a Madrid, a casa de sus tíos para completar esta formación.

Los tíos de Vicenta M.ª: D. Manuel
M.ª y Dña. M.ª Eulalia, vivían dedicados a obras de caridad cristiana, entre las que se encontraban las visitas a los hospitales, para acercarse y atender a los enfermos que allí estaban. Vicenta María se aficionó a acompañar a sus tíos en estas visitas, y allí pudo descubrir una realidad que llamó profundamente su atención:

En el hospital, Vicenta María observó que había numerosas chicas jóvenes que se habían desplazado de sus pueblos a la ciudad para trabajar como empleadas de hogar…

El siglo XIX, es un siglo que vive una realidad social muy peculiar, difícil: España entra en la era industrial y las jóvenes de los pueblos emigran a las ciudades a buscar trabajo, en condiciones muy precarias. (Hay que tener en cuenta que en aquella época era la única opción a la que podían aspirar la mayoría de las jóvenes).

Cuando estas chicas llegaban a la ciudad a veces no encontraban trabajo,  gastaban los pocos ahorros que traían y se encontraban en la calle, sin nadie y sin nada, sin posibilidades de volver con su familia por falta de medios, la mayoría fácilmente enfermaban o en el peor de los casos terminaban dedicándose a la prostitución.

Otras veces sí encontraban trabajo, pero con poco o con ningún sueldo, trabajaban sólo a cambio de la comida y un sitio donde dormir. No tenían un horario fijado, pues trabajaban mientras hubiera cosas que hacer, no tenían descansos… etc.

Las “criadas” que así se les llamaba en este tiempo a las  Empleadas de Hogar eran consideradas casi lo más bajo de la sociedad. No eran una clase respetada; no eran “oficialmente” trabajadoras. Uno las tenía en su casa para todo lo que surgiera, incluso “favores” a los señores, sin que ellas supieran o pudieran defenderse.

Si con todo este ritmo de vida, caían enfermas, eran despedidas, y terminaban en el hospital... y nuevamente en la calle.

Así, los tíos de Vicenta M.ª ven la urgencia y se deciden a ayudar a estas muchachas. Alquilan una pequeña vivienda a la que llaman “la casita”, y allí albergan a las jóvenes que reciben el alta del hospital pero que no están recuperadas del todo, y también acogen a las que llegaban por vez primera a la ciudad. Allí se las atendía, se les enseñaba a trabajar y se les buscaba una casa donde trabajar con ciertas garantías...

Vicenta M.ª fue desgranando su juventud en medio de esta obra que iba creciendo poco a poco y haciendo crecer en ella una inquietud más fuerte por la labor comenzada.

Vicenta María vio claramente la necesidad de que alguien se ocupara de modo permanente y exclusivo a la atención de estas jóvenes. Ella, que sentía la llamada de Dios a consagrarse a Él... Como monja de clausura… se encontró con que el Señor la puso en la tesitura de plantearse otra opción. Vicenta María debe decidir entre ser monja de clausura o embarcarse en una “aventura” difícil dedicando sus esfuerzos a trabajar por las chicas...

Al final, pronuncia la famosa frase: “¡Las chicas han triunfado!”. Y se consagró por entero a ellas... a las jóvenes que, saliendo de sus familias, venían a la ciudad, a enfrentarse al inicio de su vida adulta. Y en ese momento comenzó todo… Vicenta María fundó la Congregación de las Religiosas de María Inmaculada, y por esto precisamente estamos nosotros hoy aquí…

Los tiempos han cambiado, las posibilidades de las jóvenes son mayores gracias a Dios, y las RELIGIOSAS DE MARIA INMACULADA seguimos optando por las jóvenes que salen de sus casas para forjarse un futuro lejos del hogar.

La Congregación que Vicenta María fundó intenta hacer realidad y traducir en el hoy de nuestra sociedad los deseos y respuestas de Vicenta María a las necesidades de las jóvenes de nuestro tiempo. Que ya no sólo salen de casa para trabajar, sino que también lo hacen para prepararse a ello mediante el estudio, en definitiva: salen de su ambiente habitual y familiar para enfrentarse a lo que será el resto de su vida.

 

 

Residencia María Inmaculada Dirección: Calle Fuencarral, 97, 28004 Madrid  Teléfono: 914 464 350  Email: info@residenciamariainmaculadamadrid.com Aviso Legal